martes, 15 de marzo de 2011

Desastre informativo

Me acabo de quedar helado con las barbaridades que acaba de soltar un periodista por la radio. En este caso se trata de Pablo Díez, de Punto Radio y ABC, pero seguramente ocurra lo mismo con casi cualquier otro periodista. Y en sólo cinco minutos. Desgrano:

"Japón ha estado tratando de minimizar las consecuencias de la catástrofe".

Falso. Japón ha estado tratando de evitar las consecuencias de la catástrofe. No se puede minimizar algo que no ha ocurrido.

Comentario: datos de 18 horas posteriores a esta información desvelan que TEPCO, la operadora, sí ha cometido algunas ocultaciones graves de información a las autoridades niponas y a otros organismos nacionales e internacionales.

"Al final se han visto obligado a reconocer la existencia de fugas radiactivas"

Falso. Falsísimo. Japón ha tenido que reconocer hoy la existencia de fugas radiactivas porque las fugas radiactivas ocurrieron hoy. Ni ayer ni antes de ayer. Hoy.

"De los seis reactores, cuatro han explotado"

Falso. Técnicamente los reactores no han explotado, sino que lo han hecho instalaciones asociadas a los mismos, pero si queremos hablar de explosiones en los reactores, hay que hablar de tres. Los reactores 4, 5 y 6 estaban en mantenimiento en ese momento.

"Se han derrumbado las protecciones de hormigón y ha quedado a la vista el acero, lo que ha provocado las fugas"

Gravísimo error. Justamente se derrumbó la barrera externa de los reactores, pero ni siquiera es la más importante. En los reactores 1 y 3 aguantaron sus respectivos edificios de contención. En el reactor 2, no, y eso justifica exactamente que haya habido fugas, pero sólo del reactor 2.

Repito: me quedo absolutamente helado. Siempre he tenido en cuenta que un periodista no puede controlar todo lo que rodea a los temas que trata. Lo que no pensaba es que fueran capaces de moverse con tal imprudencia y albedrío, ignorando conceptos tan fundamentales y tan bien documentados.

Puede que esto sea un desastre nuclear, pero no me quedan dudas de que es, sobre todo, un desastre informativo.

Mejor técnica, mejor respuesta, mismos errores

Fukushima no ha desencadenado una tragedia porque su tecnología es notoroamente más segura que la de Chernobil y porque se ha llevado a cabo una respuesta inmediata muy buena, en gran parte aprendida tras los muchos errores cometidos en Chernobil.

Sin embargo hay algo en lo que se sigue fallando: la psicosis. Una de las mayores críticas a las autoridades soviéticas, aparte del oscurantismo, fue el hecho de no informar debidamente sobre qué era la radiación, qué riesgos tenía y a qué dosis era peligrosa. Los habitantes de Pripiat fueron muy irradiados, pero gran parte de ellos no parecían haber llegado a dosis peligrosas. Según las lecturas en la ciudad, los habitantes habrían muerto tras permanecer en torno a ocho días en la ciudad, pero fueron evacuados pasadas 48 horas.

Esa evacuación se hizo entre el miedo y la siembra del terror. Se les prometió que en tres días volverían a sus casas, pero ya en destino (Kiev, Moscú, etcétera) fueron amedrentados por las autoridades.

Muchos murieron de cánceres fatales. Otros padecen graves enfermedades asociadas a la radiación. Sin embargo hay habitantes en la zona de exclusión que siguen sanos. Habitantes que ignoraron a las autoriades, regresaron a sus casas y han convivido más de 20 años con la radiación, comiendo frutas contaminadas, bebiendo agua irradiada y respirando partículas radiactivas.

La antroponomía tiene mucho que decir en ese aspecto, pero no menos importante es la fortaleza psicológica. Aquéllos a los que convencieron de que estaban contaminados murieron por efecto de la radiación, y posiblemente también por la debilidad que en el cuerpo les produjo la depresión. Quienes, por su parte, no recibieron tan lúgubre mensaje, permanecieron fuertes e impasibles. Algunos, efectivamente, sobreviven. Otros fueron fulminados por cánceres y otros males, pero no entre un aura de pesimismo y depresión, sino con su cuerpo más capacitado para luchar contra lo que se venía. Tal vez algunos de los supervivientes hayan, incluso, eliminado algún tumor en fase temprana.

Se corre ahora el riesgo de que Japón viva una situación similar. Veo fotos de niños, madres y padres siendo sometidos a los tests radiológicos con medidores geiger, centrando la mirada en sus caras de terror, y me sobrecojo. No por el momento, sino por el futuro. ¿Cuántos de esos niños, de esas madres, de esos padres, vivirían el resto de sus días sintiéndose marcados por un estigma nuclear que, tal vez, ni siquiera padezcan?

Se suceden de nuevo los errores. En materia psicológica siguen sin aprender.

domingo, 13 de marzo de 2011

En Japón ha de nacer la humanidad

En Japón pueden haber muerto miles, decenas de miles, cientos de miles de humanos. Pero ahora mismo debe nacer la humanidad. Debe surgir ese espíritu que tantas veces nos abandona, en el que abandonamos los números y nos centramos en las personas. En Japón hace falta sobrevivir, y hace falta sobrevivir con todo lo que esté al alcance de la mano.

La prioridad absoluta debe centrarse en tres ejes:

  • Recomendaciones, acciones e instrucciones para garantizar la supervivencia individual y de los pequeños colectivos.
  • Garantizar, en la medida en que sea posible, que no existan más elementos externos que puedan atentar contra la supervivencia.
  • Estudiar los planes necesarios para recuperar el ritmo de trabajo anterior a la catástrofe.

El orden es lo de menos. O mejor dicho, hay que trabajar en los tres frentes a la vez. Se habla de la crisis política en Japón, se habla de la destrucción, se habla de las centrales nucleares... pero no se tiene en cuenta que todo ello es un ejercicio numérico, en el que se cuantifica todo (los apoyos que tiene el Gobierno, el coste de los daños, la conservación de las plantas atómicas...) pero se olvidan de las personas, que, en estos momentos, ni entienden ni querrán entender de números.

Recomendaciones, acciones e instrucciones para garantizar la supervivencia individual y de los pequeños colectivos

Está muy bien eso de cuantificar los muertos y los desaparecidos. Es necesario para conocer los costes humanos y económicos (en término de pérdida de productividad) que asolará a Japón en estas fechas y en tiempos próximos.

Pero hay otras prioridades. El huracán Katrina dejó una lección en Nueva Orleans: hay que dar instrucciones precisas a la población para evitar las epidemias derivadas de la contaminación biológica del agua por los cadáveres que en ella se descompongan.

Igualmente es necesario que las personas, como entes individuales, y las familias y pequeñas comunidades tengan a su alcance todo lo necesario para sobrevivir. Hace falta información y material. El Estado deberá trasladarlos, si así se requiere, sin importar si dispondrán de casa o no en su lugar de destino; seguro que hay algún lugar público u hogares hospitalarios donde alojarlos unos pocos días mientras se busca un hospedaje válido.

Hace falta establecer vías adecuadas de comunicación y mantener a la población informada y bien informada, pero con mensajes optimistas. Los japoneses no pueden hundirse moralmente por expectativas derrotistas. Hace falta que se vean amparados por las autoridades y que éstas fomenten la buena sintonía entre todos los japoneses, para que la ayuda mutua libere al Estado de la necesidad de establecer complicados programas de ayuda y apoyo.

Garantizar, en la medida en que sea posible, que no existan más elementos externos que puedan atentar contra la supervivencia

Aquí entran en juego las nucleares, pero no es lo único. Hace falta refrigerarlas para que dejen de ser un estorbo en las tareas de rescate y reconstrucción. Puede ser que usar agua del mar inutilice las instalaciones para siempre, pero si hay que hacerlo así habrá que llevarlo a cabo. Es mejor perder una central nuclear amortizada (o no) que perder más tiempo en ellas. Ya habrá dinero para repararla o para construir otra, si fuera necesario.

También hay que procurar una adecuada vigilancia de otras zonas peligrosas, como lugares públicos contaminados, por ejemplo, con agua infestada, con productos químicos o con otros elementos. Hay que prevenir a la población, elaborar mapas de contaminación y peligrosidad y dar éstos a los medios de comunicación, junto con una formación adecuada, para que transmitan un mensaje tranquilizador y a la vez enérgico, de modo que la evitación de riesgos sea radiada por televisión, radio, prensa y todos los demás métodos de comunicación posibles.

Igualmente las autoridades deberán controlar que no existan instalaciones potencialmente peligrosas. Hablo de infraestructuras, construcciones y entornos naturales. Ninguno de ellos debe constituir un peligro, y si lo son, hay que evitar que merodeen personas. Es necesario un gran contingente humano para trazar un mapa de peligrosidad, de modo que esa información quede plasmada y pueda ser reutilizada cuantas veces sea necesario.

Estudiar los planes necesarios para recuperar el ritmo de trabajo anterior a la catástrofe

El salvamento es necesario, pero no menos importante lo es la reconstrucción. Ésta debe iniciarse al final, pero hay que planificarla desde ya. El Estado no puede dar síntomas de estar yendo a remolque de la situación (aunque sea inevitable). Debe trabajar ya para recuperar todo lo perdido, y debe planificarlo de inmediato.

Es necesario que la reconstrucción no esté dirigida, únicamente, por el objetivo económico. Los psicólogos deben aportar sus conocimientos para aconsejar sobre qué, cuándo, cómo y dónde reconstruir para reducir el impacto emocional que podrá asolar a la población en los próximos años.

Esa reconstrucción, además, debe permitir que se recupere la rutina, que las personas se sigan sintiendo personas, que los números sean sólo parte de los informes y no de las acciones.

En Japón ha de nacer la humanidad para que los humanos que quedan vivos no mueran definitivamente.

sábado, 12 de marzo de 2011

Fukushima: ¿Por qué no puede ser un segundo Chernobil?

Se ha escrito mucho en estas menos de 48 horas transcurridas desde el brutal terremoto que ayer, 11 de marzo de 2011, asoló Japón. Se ha escrito mucho por las imágenes del colosal temblor telúrico, el mayor en 150 años de historia, por el desproporcionado tsunami desatado, y, quizá, sobre todo por el hecho de que una central nuclear ha dado señales de estar en estado crítico.

Fukushima es una ciudad del centro de Japón, situada a 250 kilómetros de Tokio. En sus inmediaciones se encuentra la Central Nuclear Daichii, un enorme complejo atómico, el mayor del país, con seis reactores operativos.

A raíz del terremoto y posterior tsunami, todas las centrales del país se pusieron en modo de parada de emergencia. Eso significa que se activaron todos los sistemas para enfriar los reactores. Ese enfriamiento no es instantáneo, pero sí permite evitar que la reacción se disparate en un momento dado, puesto que "corta la alimentación" de forma paulatina.

En Fukushima, el reactor 1 no pudo completar el inicio de la parada de emergencia, debido a que el tsunami inutilizó los sistemas de alimentación eléctrica de las bombas de agua de los circuitos de refrigeración y también los generadores diésel de emergencia instalados para esta circunstancia.

En seguida, cientos de ediciones digitales de prestigiosos periódicos del mundo emplazaron la palabra "Chernobil" en su portada. La frase "el peor accidente desde Chernobil" fue interpretado como "el peor accidente tras Chernobil", llevando a todos a la confusión y haciendo pensar que era el segundo accidente más grave de la historia. Incluso algunos llegaron a aventurar que Chernobil podría quedar eclipsado por Fukushima.

Nada más lejos de la realidad. Fukushima no puede replicar lo ocurrido en Chernobil por muchos motivos, pero podemos citar uno básico: por su diseño. Intentaré ser conciso:

La reacción nuclear requiere cuatro elementos: combustible, refrigeración, moderación y control. El combustible es el uranio o el plutonio, según corresponda; la refrigeración, en los casos de Chernobil y Fukushima, es agua.

El moderador es un elemento presente en el núcleo que "modera" la velocidad de los neutrones, haciendo la reacción más pura y, por tanto, "acelerándola". A mayor moderador, mayor energía. El control se efectúa mediante barras de boro, gran absorbente de neutrones y, por tanto, sirve para "frenar" la reacción.

Fukushima, como cualquier diseño moderno, tiene agua como refrigerante, pero también como moderador. Eso significa que si se pierde el agua (como parece haber pasado en la central japonesa) la reacción pierde su pureza y será cada vez más ineficiente hasta que se apague por la propia ley física que rige las reacciones nucleares (es lo que se llama reacción de coeficiente negativo). ¿Cuánto tarda en apagarse? Eso es una incógnita, pero es imposible que la reacción se acelere indefinidamente.

¿Qué la diferencia de Chernobil? En Chernobil el moderador no era agua, sino una estructura rígida de grafito. En Chernobil también se perdió agua, pero la reacción siguió su curso porque seguía habiendo moderador (reacción de coeficiente positivo). Al final, la reacción fue tan energética que la enorme presión del agua evaporada reventó el edificio del reactor que, dicho sea de paso, no tenía una estructura de hormigón, tan característica en los diseños occidentales.

Un dato más: en marzo de 1979 ocurrió una gravísima fusión de núcleo en la central de Three Mile Island, en Pennsylvania (EE.UU.). La causa fue la misma, y se llegó a una situación tan crítica como en Chernobil. Claro, que como estaba moderada por agua, la reacción símplemente se apagó tras varios días. Nadie resultó herido.

viernes, 4 de febrero de 2011

La matanza de Tian'anmen

"Yo creo que nada hay más radical contra la carrera armamentista
que sentarse en el suelo, cruzar los brazos
y dejar que el tanque te pase por encima"
(Víctor Manuel San José, 1986)

Corría el año 1989. Era abril, el mes en que la primavera se despereza definitivamente y da paso a las lluvias y a las flores. George H. W. Bush cumplía su quinto mes de mandato, y lo celebraba cerrando un acuerdo de cooperación militar con Japón. Mientras tanto, la Unión Soviética empezaba a olfatear el principio del fin, con una Polonia que afrontaba los comienzos de su democratización a la vez que el Ejército Rojo aplastaba una revuelta insurgente en Georgia.

Justo a mitad de mes ocurrirían dos acontecimientos que cambiarían mucho más de lo que todos pensamos: el Sheffield, Inglaterra, 96 personas morían en un estadio de fútbol aplastadas contra las vallas de seguridad –menuda incogruencia– por una avalancha. Al otro lado, en la República Popular China, un grupo de estudiantes universitarios salían a la calle sin saber que iban a marcar un antes y un después.

Deng Xiaoping, durante muchos años considerado disidente y sometido a expatriación y penas de prisión, logró, a finales de los años setenta, alzarse con el poder al poner fin a la Revolución Cultural de Mao. Su política se centró, fundamentalmente, en las reformas de calado económico, adelantándose con ello a la Unión Soviética, que seguía empeñada en denegar el acceso al mercado libre. Con él China abandonó su papel de país pobre, aunque también reafirmó el carácter autoritario del gobierno.

Como buen líder, a Xiaoping le había salido un sucesor: Hu Yaobang. Al igual que Xiaping, Yaobang era de corte reformista, lo que le hizo ganarse el respeto y adoración de los más jóvenes. En 1987 fue forzado a dimitir, debido a que no había sido capaz de contener las protestas estudiantiles del año anterior. A pesar de ello, siguió manteniendo un vínculo muy fuerte con la población.

El 15 de abril de 1989, Hu Yaobang falleció de un infarto de miocardio. La lentitud de las autoridades para poner en marcha una ceremonia nacional de despedida hizo que muchos se lanzaran por su cuenta a la calle. Uno de los lugares más concurridos fue la Plaza de Tian'anmen, en Pekín, donde estudiantes y proletarios se confundían en una misma masa de personas.

El carisma de Yaobang no había pasado desapercibido. Por ello, los estudiantes aprovecharon para recordar algunas de las reformas que el líder recientemente fallecido no había podido llevar a cabo y transformaron la manifestación de luto en una protesta contra el autoritarismo del Gobierno y del Partido –que, a fin de cuentas, eran y son lo mismo–. Por su parte, los trabajadores lanzaban su propio mensaje, criticando las reformas por el aumento de la inflación y el desempleo, antaño desconocidos por la mano interventora del comunismo.

La presencia policial, lejos de aplacar los ánimos de los manifestantes, los intensificó. Las protestas se prolongaron durante días, y sólo el 26 de abril, y luego de muchísimas deliberaciones en el seno del Partido, Deng Xiaoping acusó a los estudiantes de crear revueltas. Si el 29 de abril, a raíz de este discurso, los tumultos concentraban a 50 mil estudiantes, hacia el 4 de mayo se había duplicado la cifra. Los cien mil universitarios clamaban por la libertad de expresión, algo que las Autoridades rechazaron de plano. A pesar de todo, las protestas en Tian'anmen eran pacíficas, basadas en el pronunciamiento de discursos y en el mantenimiento de una huelga de hambre colectiva. Mientras tanto, universitarios del resto del país llegaban a Pekín para sumarse a los insurgentes.

El 20 de mayo se declaró la Ley Marcial, lo que facultaba al ejército a disolver las protestas. Sin embargo, no hubo presencia efectiva de los cuerpos de seguridad en la siguiente semana. El 30 de mayo, con el conflicto seguido mediáticamente a nivel mundial, los estudiantes de Bellas Artes erigieron una estatua, que asignaron a la diosa de la democracia. Casi al mismo tiempo comenzaron a llegar los primeros soldados y tanques, que conminaron a los manifestantes a disolver la multitud; como éstos mantuvieron su postura, el ejército decidió actuar con violencia.

Cientos de rebeldes murieron en los primeros ataques, al igual que muchos militares, que tuvieron que enfrentarse cuerpo a cuerpo con los manifestantes allí concentrados. El ejército, siguiéndo órdenes del Gobierno, aplicó toda la fuerza disponible, provocando un saldo de fallecidos que osciló entre los 2.600 que estimó la Cruz Roja y los cuatro mil que calculó la Universidad de Tsinghua, mientras que las Autoridades reconocían sólo un par de centenares.

El final de las protestas

La protesta vivió su punto de mayor agresividad el 4 de junio. Al día siguiente la plaza de Tian'anmen parecía un lugar sosegado, de no ser por los restos de la batalla campal y por la columna de carros de combate que desfilaban por la misma.

Fue aquí donde se escribió, posiblemente, el hecho más destacado de estos sucesos: un viandante, que parecía venir de un supermercado, se detuvo frente a un tanque. El vehículo trató de esquivarlo, pero el manifestante solitario dio un paso al costado para cerrarle el camino; posteriormente se sentó en el suelo, manteniendo así el bloqueo al vehículo y, finalmente, se subió al mismo y forcejeó con el conductor. Pocos minutos después fue detenido y nunca más se supo de él.

Las purgas

El Gobierno chino inició una persecución contra los manifestantes una vez finalizadas las revueltas. Se dice que los obreros manifestantes fueron detenidos y ejecutados, mientras que muchos estudiantes, hijos de familias influyentes, fueron condenados "sólo" a penas de prisión menores de diez años.

En el Gobierno, Zhao Ziyang fue expulsado al oponerse a la aplicación de la Ley Marcial, mientras que el alcalde de Pekín, muy involucrado en la disolución de las manifestaciones, fue recompensado con el cargo de presidente de la República. También fueron purgados la mayoría de los periodistas chinos que cubrieron los sucesos, principalmente por su apoyo a la causa de los manifestantes.

Las consecuencias políticas

Las protestas de Tian'anmen ocasionaron una fuerte erosión al sentimiento de liberalización que habían generado las políticas reformistas de la China de Xiaoping en los años ochenta. En efecto, y aunque los ciudadanos habían adquirido muchos derechos durante esa década, el clamor por las manifestaciones provocó que la reputación del Gobierno cayera muchos enteros.

Muchos analistas internacionales trataron de encontrar un parangón entre el derrumbe en ciernes de la Unión Soviética y una probable caída del comunismo chino. Sin embargo, no contaban con que ambos modelos eran muy distintos, principalmente porque el poder federalizado de los soviéticos estaba provocando la ruptura del país, mientras que China mantenía una fuerte centralización sin apenas delegación de funciones.

En materia política se intentó una regresión económica que no fructificó; la caída de la Unión Soviética dos años después también frenó la toma de decisiones, lo que conllevó al Partido a mantener la misma línea de antes de las manifestaciones. Por otra parte, la erosión inicial de la imagen del Partido pronto se suavizó por el apaciguamiento de los protestantes, que se fueron disolviendo al no tener un vínculo ideológico común.